James George Jatras, Para Estados Unidos, el inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia Ortodoxa es un instrumento más contra Rusia

Probablemente no muchas de las personas que siguen los asuntos internacionales piensen que las complejidades del gobierno de la Iglesia Ortodoxa son particularmente importantes.

Sin embargo, el Departamento de Estado de los EE.UU. así lo hace.

Hace apenas una semana (el artículo fue publicado el 29 de Septiembre de 2018), el Departamento de Estado, a través de la declaración de un alto funcionario, el embajador Michael Kozak, prometió públicamente que Washington se mantendría al margen de la controvertida cuestión del estatuto de la Iglesia Ortodoxa en Ucrania: “Cualquier decisión sobre la autocefalia es un asunto interno de la iglesia.” (Sin necesidad de repetir todos los detalles de mis comentarios anteriores sobre lo que algunos pueden considerar un asunto arcano y periférico, hay razones para esperar que el Patriarca Bartolomé de Constantinopla pronto emita un “tomos”(decreto) de autocefalia (autogobierno) para la Iglesia Ortodoxa en Ucrania, con lo que pretende segregarla de la Iglesia Ortodoxa Rusa, de la que la Iglesia Ortodoxa Ucraniana canónica, que no ha pedido la autocefalia, es una parte autónoma).

Especialmente para un gobierno como el de Estados Unidos, que afirma no tener una agenda religiosa particular, respetar la integridad canónica interna de la Iglesia Ortodoxa como comunidad espiritual era la única posición correcta.

Pero no duró mucho.

La declaración de Kozak debe considerarse ahora inoperante. El 25 de septiembre, la célebre teóloga Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, emitió la siguiente declaración:

Comunicado de prensa

Heather Nauert
Portavoz del Departamento

Washington, DC

25 de septiembre de 2018

Los Estados Unidos apoyan firmemente la libertad religiosa, incluida la libertad de los miembros de grupos religiosos para gobernarse de acuerdo con sus creencias y de practicar sus creencias libremente sin interferencia del gobierno. Los Estados Unidos respetan la libertad de los líderes religiosos ortodoxos y de los seguidores de Ucrania para perseguir la autocefalia de acuerdo con sus creencias. Respetamos al Patriarca Ecuménico como una voz de tolerancia religiosa y diálogo interreligioso.

Los Estados Unidos mantienen un apoyo inquebrantable a Ucrania y a su integridad territorial frente a la agresión rusa en Ucrania oriental y la ocupación rusa de Crimea. También apoyamos a Ucrania, ya que sigue su propio camino y toma sus propias decisiones y asociaciones, sin interferencias externas.

Sin duda, no es la propia Nauert, sino alguien de la Oficina de Asuntos Europeos y Euroasiáticos (EUR) quien ha redactado el comunicado de prensa, que evita llamar directamente a la autocefalia, al tiempo que da la impresión inequívoca de que existe tal apoyo, que es exactamente de lo que se informa en los medios de comunicación. Por ejemplo, “US backs Ukrainian Church bid for autocephaly”. El elogio del Departamento de Estado al Patriarcado Ecuménico refuerza esa impresión claramente intencionada.

Por lo tanto, el Departamento de Estado debe ser considerado ahora como parte de una violenta lucha religiosa que pronto se apoderará de Ucrania y causará una división en el mundo ortodoxo que rivalizará incluso con el Gran Cisma entre la Ortodoxia y el Catolicismo Romano que tuvo lugar en 1054. (A diferencia de los Estados Unidos, el Vaticano ha mantenido una posición de principio de no interferencia. El Nuncio Papal en Kiev incluso emitió una declaración respondiendo a la manipulación del gobierno ucraniano que falsamente afirmaba el apoyo católico romano a la autocefalia: “Con la intención de corregir parcialmente las noticias dadas por fuentes oficiales del gobierno con respecto a la reunión que tuvo lugar ayer…la Nunciatura Apostólica en Ucrania desea declarar una vez más la posición de la Santa Sede en la cuestión de la creación de una Iglesia Ortodoxa Ucraniana Local, a saber, que se trata de una cuestión interna de la Iglesia Ortodoxa, sobre la cual la Santa Sede nunca hizo y no tiene ninguna intención de expresar ninguna evaluación, en ningún lugar”.)

Sin duda, el imprimatur oficial de Estados Unidos será tomado tanto por Kiev como por el Phanar (el distrito de Estambul, antes Constantinopla, donde se encuentra el Patriarcado Ecuménico) como una luz verde para seguir adelante con el cisma inminente. Esto, a su vez, conducirá inevitablemente a la violencia, que, por supuesto, será atribuida exclusivamente a los ucranianos leales a la Iglesia canónica y a Rusia.

La hoja de ruta para tales incautaciones fue presentada por el falso “Patriarca Filaret” Denysenko la semana pasada en Washington, en su intervención ante el Atlantic Council. Especificó que tras el esperado reconocimiento de la autocefalia por parte de Constantinopla (que reivindica de manera anti-canónica tal autoridad), los miembros de las parroquias ucranianas pueden elegir a qué jurisdicción adherirse por un voto de las dos terceras partes. Esto abre la puerta para que personas que no tienen ninguna relación con la parroquia y que podrían no ser creyentes ortodoxos voten “democráticamente” en contra de los feligreses genuinos tras convertirse en miembros putativos de una parroquia. El camino a seguir en cuanto a los establecimientos monásticos es simple, según Denysenko: el gobierno ucraniano se apropiará de ellos. El Ministerio de Cultura de Ucrania ya ha comenzado a hacer un inventario de las propiedades pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa Canónica Ucraniana en preparación para su confiscación forzosa por parte de las autoridades estatales, que será entregada a los cismáticos Denysenkoítas.

No deberíamos suponer que la declaración de Nauert significa que el gobierno de los Estados Unidos o el Departamento de Estado ha tomado un interés repentino en la teología y la eclesiología. Más bien, es un nuevo giro en algo que siempre hay que tener en cuenta (y que ciertamente los funcionarios de Kiev nunca olvidan): que nadie en Washington realmente se preocupa mucho por Ucrania o los ucranianos per se. Sólo importan en la medida en que los funcionarios estadounidenses creen que mantener a Ucrania fuera de la órbita de Rusia significa impedir que Moscú recupere el estatus de superpotencia.

Con ese fin, arrastrando firmemente a Ucrania al campo occidental de la OTAN (la declaración de Bucarest de 2008 de que Ucrania, junto con Georgia, se convertirá en miembro nunca ha sido rescindida) y la Unión Europea se presenta a Rusia una irresoluble vulnerabilición de se seguridad. El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, insiste una y otra vez en que Ucrania se convertirá en un “miembro de pleno derecho de la OTAN y de la Unión Europea”.

Por lo tanto, el impulso de Poroshenko por la autocefalia no tiene nada que ver con los valores espirituales, sino que está absolutamente relacionado con el ataque a Rusia: “Tendremos una iglesia ucraniana independiente como parte de una Ucrania independiente. Esto creará una independencia espiritual de Rusia”. Yulia Tymochenko, su rival en la presidencia, favorita electoral y ex primera ministra, la apoya por la misma razón. Cualquier posible derramamiento de sangre será visto como un mal inevitable.

La decisión del Departamento de Estado de involucrarse en un asunto religioso que no concierne a los EE.UU. es también estrechamente política y refleja la esquizofrenia en la administración Trump en relación con Rusia. Las declaraciones de Trump en 2016 de que quería mejorar los lazos con Moscú aterrorizaron a los líderes que gobiernan en Ucrania desde el post-Maidan, que se sitúan abiertamente en el campo de Hillary. Cuando Trump ganó inesperadamente, temían que hiciera un trato con Moscú por encima de ellos.

Sin embargo, con la entrada en posiciones políticas de influencia de figuras fuertemente anti-rusas, muchas de ellas venidas de la administración Bush, e incluso algunas con credenciales del “Never Trump”, los funcionarios ucranianos tienen buenas razones para pensar que ese peligro ha sido evitado en gran medida. Con la hostilidad hacia Rusia aparentemente permanente y cada vez más profunda, creen que tienen a Washington de vuelta donde quieren.

Visto desde esta perspectiva, incitar a la disensión religiosa es sólo otro elemento de la caja de herramientas.

James George Jatras, For US, Meddling in Orthodox Church Affairs Is Just Another Tool Against RussiaJames George Jatras, Strategic Culture Foundation, 29/9/2018

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